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PREGUNTA: La publicidad vende, y tiene algún
grado de responsabilidad en vender una imagen de alguien que
en realidad no la tiene. Por ejemplo, De la Rúa decía
"vamos a terminar con esta fiesta" y "yo no me
subo a una Ferrari". ¡Parecía que se llevaba
todo por delante y resultó ser otra cosa muy distinta.
¿Hasta que punto la publicidad es responsable?
RUBEN MORALES: En principio, viendo todo de nuevo,
De la Rúa cumplió con su mensaje publicitario,
eso de que no podía subirse a una Ferrari era verdad,
¡seguro! si se llega a subir a una Ferrari capaz que se
pega contra la primera columna. Cuando decía que solo
le faltaban cien pasos para llegar a la Casa de Gobierno también
cumplió, el problema fue que la gente pretendía
que después siguiera caminando Y que iba a terminar con
la fiesta..., ¡claro que sí!, su gobierno no fue
ninguna fiesta, todo lo contrario, el 20 de diciembre de 2001
terminó con 20 muertos en Plaza de Mayo.
PREGUNTA: Pero, en la publicidad transmitía
una imagen fuerte, un liderazgo firme...
RUBEN MORALES: En el 99 como ha dicho Fidanza-
nadie quería volver al menemismo, además la Alianza
fue un producto muy bien vendido, que prendió bien en
la gente.
EDUARDO FIDANZA: Allí también interviene
un tema mayor, que además es un tema clásico, el
de la manipulación. Me gustaría rescatar algo que
dijo Nélida Archenti: las campañas políticas
argentinas, a 21 años de recuperada la democracia, ocurren
en un contexto de inestabilidad y, podría decirse, de
insuficiencia institucional, y también en un contexto
de gran desigualdad.
En cualquier democracia moderna hay una asimetría muy
grande entre el nivel de información que llega al ciudadano
y el que maneja la clase dirigente, esa que tiene el poder de
los medios para imponer su discurso. A medida que se gana en
calidad institucional y en confiabilidad sobre el sistema político,
crece la fuerza de la sociedad civil para contraponerse a los
abusos. Entonces las posibilidades de manipulación son
menores.
NELIDA ARCHENTI: En realidad, la gente no vota por la
publicidad política, por la propaganda. Es más,
la gente no vota por las campañas, en todo caso las campañas
son un procedimiento necesario pero no suficiente.
Las motivaciones del voto son mucho más complejas y la
responsabilidad de la publicidad, manipuladora o no, es muy relativa.
Hay mucho escrito sobre el tema y en todas las teorías
hay un cierto consenso en que la publicidad, por sí misma,
no define el voto.
PREGUNTA: Parecería que en Argentina
todo medio es válido para sacar ventaja sobre el adversario
en los últimos metros de una campaña, hay un cierto
clima de salvajismo político...
JULIO AURELIO: ¡Es cierto! Y un fenómeno
nuevo en los últimos tiempos es la estigmatización,
que ha pasado a ser un instrumento fundamental en las campañas.
Consiste en atacar al adversario cuando ya prácticamente
no le queda capacidad de respuesta, aprovechando las tecnologías
para crear climas de opinión con el objetivo de provocar
un resultado. Sin la estigmatización de López Murphy,
por ejemplo, hoy López Murphy sería presidente.
El hecho de que hoy no sea presidente, no tiene que ver con decisiones
colectivas o "la democracia de la opinión",
como se suele decir a veces, sino simplemente porque hubo un
plan expreso, desesperado y costosísimo de estigmatización,
y además estaban los recursos para hacerlo.
Una semana antes de la elección, López Murphy era
presidente (en las encuestas), era segundo seguro en el balotaje,
y si en vez de sufrir una campaña de estigmatización
hubiera tenido una campaña inversa, que confirmara su
ascenso, en teoría hasta podría haber sido el candidato
más votado. Su crecimiento en la última etapa era
en base a votos que le sacaba a Menem. Menem era el último
resguardo que quedaba del voto conservador y neoliberal, pero
López Murphy representaba una alternativa mucho más
genuina del modelo conservador o neoliberal, y hubo un momento
en que muchos votantes de Menem pensaron "¿pero López
Murphy también puede llegar? Entonces le paso los votos
a éste". Allí fue cuando hubo un trasvase
de un 4 al 6 por ciento de votos de Menem hacia López
Murphy. En la Semana Santa previa a la elección, López
Murphy tenía 22 puntos, Menem 21 y Kirchner 19.
Fíjense cómo después un arbitraje de última
hora, que no tiene nada que ver con la gente, modifica el estado
de un país.
En el análisis político cierto de lo que pasó,
las expectativas de la sociedad quedaron en un segundo plano
frente a lo que podríamos llamar formas de manipulación,
o sea la creación deliberada de todo un contexto, y bastaron
una semana o diez días de intervenciones muy fuertes para
generar un efecto, aunque después de haberlo logrado ese
clima de opinión puede no subsistir.
Al respecto, siempre planteo que la opinión pública
no es un criterio de verdad. Es absurdo captar la realidad a
través de lo que expresa la gente, porque lo que expresa
la gente es una construcción, y ese clima de opinión
alguien lo construyó antes.
Lo mismo pasó en la capital con Macri Ibarra. Macri
podía haber ganado, pero en los últimos 10 días
fue estigmatizado de forma brutal.
PREGUNTA: Ustedes, cuando juegan el rol de
técnicos políticos en un comité de campaña,
más allá de que sea su trabajo, ¿que los
motiva a "ponerse la camiseta" del candidato? Todos
los que estudiamos ciencias políticas, en algún
momento nos hacemos esa pregunta...
EDUARDO FIDANZA: Sí, es una pregunta universal.
Trabajo desde hace 21 años en ésto, empecé
con Julio Aurelio en Madrid a hacer mis primeras armas, cuando
ya Julio era una figura en el ambiente de la consultoría,
después fui desarrollando mi propia trayectoria. Cierta
vez se me presentó la disyuntiva de hacer una encuesta
para Bussi, y entonces la rechacé, dije "no, nunca
voy a hacer una encuesta para un señor como Bussi".
Eso para mi marcó un límite importante.
Además, una cosa es hacer encuestas para un candidato
y otra distinta es asesorarlo. Para asesorar tiene que establecerse
una corriente de simpatía entre el político y el
asesor o consultor. La experiencia más fuerte que tuve
es la última, en el 2003 con López Murphy y también
fue fuerte la anterior con Fernando de la Rúa, al que
asesoré en el comité de campaña de 1996
para Jefe de Gobierno de la Ciudad. Y puedo contar mi experiencia
con Raúl Alfonsín, ¡Con Alfonsín era
fácil! Porque para mi generación es una figura
histórica reivindicada y amada, y uno a veces con dolor,
vergüenza o compasión le perdona algunos errores
finales de su vida política, pero Alfonsín es un
indiscutible. Haber podido estar en un comité de campaña
con Alfonsín para mi va a ser un orgullo toda la vida.
Con López Murphy es más complicado. Yo en el año
70 estudiaba en la facultad, me he casado 17 años con
una mujer que fue presa política durante la dictadura,
hasta que ella murió, y como todos tengo amigos que desaparecieron
y, en general, tenía ideas progresistas. Yo soy titular
de la materia Max Weber, que fue un revolucionario, ¿qué
me pudo haber entusiasmado para asesorar a López Murphy?
En principio, algo que es elemental: Eligió a su consultor
de campaña en encuestas y confió en él,
aceptó los números que le dimos de entrada, y eso
que cuando hice la primera encuesta, el comité de campaña
esperaba por lo menos 12 puntos y resultó que tenía
solo 6.
También después escribí documentos de campaña
muy duros sobre él, porque más allá de la
estigmatización por los adversarios, hay gente que se
ganó su propio estigma ¡No saben lo que decía
la gente en las encuestas sobre López Murphy!: Cosas como
"Este es un hombre del establishment que está en
la política para defender los intereses de los poderosos".
Pero el López Murphy con el cual yo hablaba, es un poco
diferente del estigma que pesa sobre él. No me van a creer
pero López Murphy me ha contado cómo asesoraba
al Comandante Tomás Borge, de la revolución sandinista,
en Nicaragua.
Y después teníamos muchos acuerdos en el plano
que defiende la tradición del radicalismo, después
viene la pasión compartida por la política y la
posibilidad que tiene un consultor de transformar un poco a un
candidato que le deposite su confianza.
La última semana de la campaña fue tremenda. López
Murphy llega SANTO, como digo, al domingo de Pascua, allí
se hace una reunión de comité de campaña,
luego él concurre al programa de Mariano Grondona y sus
frases eran una melodía perfecta, estaba dulce, tenía
las encuestas que lo daban como segundo En ese momento, sus competidores,
como si estuvieran en una carrera de caballos, miran de reojo
y ven aparecer un caballo nuevo avanzando por los palos que va
a ganar! Esto produce un efecto de reacción en las otras
campañas, básicamente la de Kirchner, que salen
con publicidad negativa.
Pero además se producen movimientos como éstos:
Recibo una llamada de Martín Granovsky, uno de los editores
del diario Página 12, que no es un amigo pero tenemos
una simpatía laboral que data de muchos años. Nos
ponemos a hablar y me dice algo así como "mirá,
yo creo que López Murphy no puede ganar, no puede gobernar
la Argentina, y nosotros tenemos muchas cosas que vamos a sacar
a la luz".
Mucha gente cree que Página 12 está pagado por
el gobierno. No es así, quienes dirigen Página
12 creen en Kirchner y se le suman. Habrá alguna que otra
publicidad oficial pero no es que Kirchner reparta sobres a tipos
como Granovsky, como algunos dicen.
Volviendo a aquella conversación, Granovsky me dijo "mirá,
Eduardo, yo te aviso lo que vamos a hacer" Contraargumenté
mi posición y me respondió: "Eduardo, vos
sos como un novelista que creó un personaje y ahora ama
a su creación".
Otro amigo progresista, Ernesto Tenembaum, me citó en
la confitería que está al lado de la Biblioteca
Nacional y me dijo más o menos lo mismo. Le respondí
"Bueno, no me lo digas, hagan lo que tienen que hacer"
Pero en este juego dramático también interviene
la contradicción humana: López Murphy progresó
muchísimo en esa campaña porque se le describió
bien los targets electorales que tenía, el discurso que
la gente esperaba, la cuestión de la calidad institucional,
pero había una tensión muy grande entre avanzar
decisivamente hacia ese discurso progresista o defender el discurso
anterior de un economista, de un tecnócrata ubicado en
esa etiqueta que se llama neoliberalismo.
En el comité de campaña debatían radicales
progresistas y sectores más conservadores, más
tradicionales. Y había en juego un tema crucial: La página
web de RECREAR. Esa página se había hecho un año
antes y era la expresión fiel del conservadurismo derechoso,
cosa que le garantizaba a López Murphy un 10 % de los
votos, pero no el 25% que necesitaba para ser presidente. Muchos
habíamos recomendado hacer toda de nuevo esa página,
y finalmente no se lo hizo.
Y en la última semana, el contraataque adversario usó
esa página como prueba de que RECREAR tenía un
programa represivo hacia los piquetes, que se iban a echar empleados
públicos, y otra cantidad de cosas así que figuraban
en esa página.
Pero vean la dramaticidad de los hechos que se ponen en juego
durante una campaña: Por entonces yo tenía una
columna los jueves en el programa "Desayuno" de Víctor
Hugo Morales en Canal 7. Ese jueves voy y encuentro que el invitado
era López Murphy. Entonces me le acerco y él me
pregunta "¿Como van las cosas?". Le respondo
"Mirá, te están atacando y estás perdiendo
algunos puntos. Creo que eso se va a poder ir llevando. Ahora
bien, tené muy en cuenta, Ricardo, que uno de los temas
centrales es esa página web"
En ese momento lo llaman para la entrevista, Víctor Hugo
le dice "Bueno, López Murphy, el domingo son las
elecciones, este es uno de sus últimos mensajes al electorado,
diga lo que desea decirles". López Murphy mira a
la cámara y comienza: "En primer lugar, les pido
que no me voten por moda, quiero un voto de convicción,
quiero un voto pensado, quiero un voto comprometido".
¡Empezó bien! Pero la segunda afirmación
que hizo fue: "Y si alguien tiene alguna duda sobre que
pienso, quienes somos y cual es nuestro proyecto, puede consultar
la página web..." ¡Se dan cuenta!
Después de la elección, gente amiga de López
Murphy me confió que él, cuando vio que podía
ganar, que ya tenía la presidencia, tal vez ahí
no se supo defender, no pudo.
Sostengo que en esa campaña electoral había figuras
que eran favoritas que eran, en lenguaje popular, "banca"
y otros, sin chances a priori que eran "puntos". Porque
cuando uno es favorito sale a competir para ganar, en cambio
si uno va a un examen y de 10 bolillas leyó cuatro, si
a pesar de eso aprueba ¡fenómeno!, uno va distendido
porque es "punto".
López Murphy empezó esa campaña distendido
porque era "punto", no se pensaba que podía
ser presidente, pero cuando llegó ese día de Pascua,
ahí sí podía ser presidente y se había
logrado el objetivo de la campaña. Paradójicamente,
a partir de allí se perdió en una semana todo lo
que se había conseguido en tres meses.
Ahora bien, alguien como López Murphy ¿merece ser
asesorado?. Yo creo que sí, me parece un hombre serio,
sensato, que está haciendo una transición de una
posición a otra. No todos los políticos que circulan
me parece que se lo merecen, y no a todos asesoraría.
Al lunes siguiente de la elección que definió el
balotaje entre Menem y Kirchner, me llama un colega diciendo
"Eduardo, la gente de Menem está buscando un hombre
de tu perfil para su campaña" Y le contesté:
"De ninguna manera, eso no puedo hacerlo, yo no puedo asesorar
a Menem". Cando llegué a mi casa le dije a mi mujer
"tengo la sensación de haber visto pasar una carreta
llena de plata frente a mi, y de no haberla tomado". Pero
a Menem nunca lo podría asesorar.
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